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Pedro Gracia Feito,

SALUD HOLÍSTICA y COACHING

Por qué conformarte con vivir a rastras cuando anhelas volar

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No es una pregunta fácil de responder, pues cada persona responde de una manera diferente al estrés. Ante el mismo factor estresante y de la misma intensidad y duración, algunas personas van a verse afectadas mientras que para otras apenas será algo significativo en sus vidas. Unas pueden salir debilitadas y otras fortalecidas.

Esto depende en gran medida de la capacidad adaptógena de cada cual y vamos a verlo desde este punto de vista, aunque hay otros.

¿Qué es la capacidad adaptógena?

En resumidas cuentas puede decirse que es tu capacidad para adaptarte al estrés y es lo que define tu tolerancia al mismo o tu capacidad de respuesta ante los cambios que desequilibran tu medio interno.

La capacidad adaptógena va a determinar en gran medida como te afecta el estrés.

¿De qué depende?

En parte viene condicionada por nuestra programación metabólica desde el embarazo hasta nuestra adolescencia.  En esta etapa se desarrolla nuestro cerebro, nuestro comportamiento y nuestra personalidad.

Todo lo que come y sufre  la madre durante el embarazo afecta al bebé en formación, el tipo de parto también afectará a su sistema inmunitario, el contacto íntimo con la madre al nacer, el amamantarlo, el darle protección y seguridad durante la infancia y el desarrollo de la inteligencia emocional o la alimentación hasta la adolescencia o hechos traumáticos durante la misma van a determinar la capacidad adaptógena de un individuo, eso sin haber tenido en cuenta los genes o la información transgeneracional.

¿Y qué podemos hacer?

En parte venimos condicionados y programados, pero la epigenética nos permite modificar nuestro entorno y mejorarlo aumentando así nuestra capacidad de adaptación. Podemos mejorar nuestra flora intestinal comiendo mejor, podemos hacer ejercicio, exponernos a menos toxinas, evitando el abuso de fármacos, desarrollando nuestra inteligencia emocional e intervenir en todo aquello que mejora nuestro salud.

¿Entonces qué es lo que determina si engordamos o adelgazamos con el estrés?

El estrés puede ser agudo, de corta duración o crónico, de larga duración. El primero podemos decir que es positivo mientras  que el segundo puede llegar a enfermarnos.

Aumentando nuestra capacidad adaptógena mediante cambios saludables en nuestra vida vamos a afrontar mejor el estrés crónico. Nos va a permitir reaccionar de manera diferente y esto es lo que va a determinar si el estrés nos engorda o nos adelgaza.

La  clave es nuestra reacción, cómo vivimos ese estrés, cómo lo sentimos. Para ello debemos pararnos y escucharnos, silenciar  la mente. Sentirnos.

Si tendemos a engordar…

  • Tengo que ganar tamaño…. para ser visto, para ser respetado.
  • Tengo que acumular…. para garantizar mi sustento.
  • Comiendo sacio mi necesidad de cariño, calmo mi ansiedad,
  • ¿Qué me falta?

Un sobrepeso puede esconder una adicción, y una adicción una carencia afectiva.

En muchos  casos hay una ganancia, un beneficio. Conocí una paciente que empezó a engordar para no atraer a su marido y no tener relaciones con él. Todo esto no ocurre a nivel consciente. Para encontrar lo  que hay en la sombra, necesitamos ayuda de un profesional.

Otra posibilidad podría ser que en la infancia sustituyéramos el alimento real por el alimento afectivo que nos faltaba de nuestros progenitores.

La pregunta que debemos hacernos es:

¿Para qué me sirve adelgazar o engordar?

Y la respuesta no debe ser pensada, debe ser sentida. Meditando en silencio podemos hallar más respuestas que intentando razonar.

Y si tiendes a adelgazar…

  • Debo pasar desapercibido……..para que no me vean, no me maltraten.
  • Quiero ser más ligero…. para poder escapar.
  • Quiero borrar mis curvas…… para no atraer a nadie.
  • El alimento real o afectivo es tóxico para mí y lo rechazo.

Una mujer puede borrar sus curvas para no atraer a nadie del sexo opuesto pues en algún momento sufrió por ser mujer.

Y otra persona podría llegar a ser anoréxica por rechazo al alimento materno real o afectivo, pues era tóxico bien por toxinas en la leche materna, por moléculas de tristeza en la madre que empaparon al bebé durante el embarazo o la lactancia o bien porque no quiso darle el pecho o no fue lo suficientemente afectiva.

Estas afirmaciones no son categóricas ni ocurren en todas las personas igual, ni están siempre presentes, son posibilidades que tienen que resonar en el paciente, resultarle familiares.

Aunque parezca increíble, el inconsciente funciona así, con metáforas, de forma simbólica.

Aunque parezca increíble, el inconsciente funciona así, con metáforas, de forma simbólica.

Todo tiene un para qué, un propósito, una razón de ser, todo es adaptación, todo tiene una razón biológica.

La emoción define cómo se expresan los genes, todo depende del conflicto que se tiene que superar.

Estaría indicado en estos casos indagar en las posibles causas del adelgazamiento o engordamiento según el caso, valorando el contexto emocional en que comenzó la pérdida o ganancia de peso. Ello te permite comprender y no actuar de forma automática con una conducta aprendida que sirvió en su momento, quizá cuando éramos niños, pero que ya no nos está beneficiando en nuestra vida adulta. Tomando conciencia de ello podemos ejercer control sobre ella y generar una conducta nueva desde el yo adulto.

Te recomiendo indagar al respecto con un terapeuta experto en el tema, llámese psicólogo, psiconeuroinmunólogo o psicosomatista, sobre todo en aquellos casos en que no sirvan las dietas, los cambios en la alimentación y ejercicio, estancamientos, recaídas y autosabotajes.

El objetivo que en un principio pudiera ser perder o ganar peso se convierte en un trabajo de conocimiento y crecimiento personal que es el mayor premio.

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