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Pedro Gracia Feito,

FISIOTERAPIA y SALUD HOLÍSTICA

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artículo escrito por zetafisio

¿Prevención o Vacuna?

zetafisio en: Escuela de Salud 30 de septiembre de 2020 (13:38:00)

Estamos hartos de escuchar las medidas de prevención para no contagiarnos del virus, distancia de seguridad, estado de alarma, confinamientos, mascarilla, geles hidroalcohólicos... A mi personalmente me parecen demasiado simplistas e incluso interesadas, sin evidencia ni respaldo científico, construidas a partir de unas bases poco sólidas. La mayor parte de ellas son medidas políticas, no sanitarias. Con este artículo mi intención es darte la oportunidad de que seas tú quien toma las decisiones sobre cómo protegerte del virus, centrándote en lo que tú puedes hacer por ti sin ser una marioneta dependiente de las decisiones de políticos incompetentes.  Ayudarte a prevenir la enfermedad no es negocio, así que como no lo hagas tu, no lo va a hacer nadie. La vacuna no es tu salvador, lo eres tú.

Y la pregunta que te hago es ¿Qué puedes hacer tu para reducir la posibilidad de contagio y  el daño si aún así te contagiarás? 

Tomar las riendas de tu propia salud  es la mejor prevención.

La prevención es la mejor manera de protegernos frente al SARS-COV-2, pero prevenir no es solo lavarse las manos y llevar mascarillas. De hecho, da lugar a muchos despistes y errores en su uso, pues nos tocamos la cara sin darnos cuenta o bien recibimos partículas de saliva a través de la mucosa de los ojos, la nariz o la boca. Tocamos cientos de cosas a lo largo del día y es imposible mantenerse aislado al 100%.

La atención sanitaria hoy día ha caído en el error de que prevenir es hacer muchas pruebas y mantener ambientes estériles. Mantener una ambiente estéril está muy bien en un quirófano o una UCI pero en la actividad de la vida diaria es imposible, de hecho no es saludable, exponerse al medio es la mejor vacuna, sobre todo en los niños. Analíticas, mamografías y colonoscopias, tan de moda ahora, nos permiten detectar enfermedades de forma precoz, pero esa no es la única forma de prevenir la enfermedad. De hecho caemos constantemente en el sobrediagnóstico y por tanto en el sobretratamiento (2). Esto significa que las pruebas de diagnóstico, en múltiples ocasiones, detectan cosas que nada tienen que ver con la sintomatología del paciente y sin embargo son  tratadas. Somos demasiado intervencionistas causando más daño que beneficio. A esto se le llama iatrogenia. La iatrogenia es el daño por intervención médica, ya sea por pruebas diagnósticas, fármacos y sus efectos secundarios o secuelas por cirugías.

Según la OMS, la iatrogenia o el daño por intervención médica afecta a uno de cada 10 pacientes hospitalizados.  Se ha convertido en la quinta causa de muerte en el mundo (1), la tercera en Estados Unidos, detrás de las enfermedades cardiovasculares y el cáncer. 

Los errores médicos afectan a 138 millones de personas en el mundo, provocando la muerte de 2,6 millones cada año (datos de la OMS, 2019), costando a las arcas 37000 millones de euros al año. Y estas cifras se refieren únicamente a países desarrollados y en desarrollo. En España mueren cada año entre 25000 y 35000 personas por iatrogenia. En la Unión Europea se estima entre un 8 y un 12% de daño por intervención médica en hospitalizados, sin tener en cuenta a todas las personas que toman fármacos de manera habitual.

A lo que quiero llegar, es que tú puedes hacer algo por ti sin depender del sistema sanitario, o al menos lo menos posible. No hay nada más sano que no tener que acudir al médico, como dice el  doctor Antonio Sitges Serra en su libro "Si puede , no vaya al médico".

El que contraigamos una enfermedad o no depende principalmente de nuestro estilo de vida. Las enfermedades son como la lotería, vamos comprando papeletas (malos hábitos) de tal forma que aumentamos la probabilidad de que nos toque. La diferencia está en qué aquí no existe el azar, tu decides cuantas papeletas compras. ¿Cuantas tienes tu?

  • Estrés.
  • Tabaquismo u otras adicciones, como la comida, el juego, el alcohol, las drogas, los ansiolíticos.
  • Trastornos del sueño o falta de descanso.
  • Mala alimentación, aunque todos pensamos que nos alimentamos adecuadamente.
  • Sedentarismo.
  • Exposición a tóxicos como aditivos, alcohol, drogas, tabaco, tintes, disolventes, polución, metales pesados, fármacos, vacunas, insecticidas, pesticidas, transgénicos,...
  • Falta de exposición a la luz natural.
  • Pensamientos que te perjudican.
  • Recurrir a fármacos ante cualquier síntoma sin buscar la causa.
  • No parar a escuchar las sensaciones de tu cuerpo.
  • Actitud reactiva ante la vida. Falta de responsabilidad sobre la propia vida. 

Sobre todos ellos puedes influir y todos ellos influyen directamente sobre tu sistema inmunitario. Todos conocemos la teoría , pero la pregunta es  ¿Cuánto estás dispuesto a hacer por ti? 

Prevenir es llevar un estilo de vida saludable y el problema es que sobrevaloramos cuanto y como nos cuidamos. Creemos que comemos bien, que nos movemos y dormimos suficiente, que podemos con todo,...

He oído hablar de casos de contagio en los que se decía que eran personas saludables , deportistas y jóvenes. Pero estos casos son minoritarios y  por otra parte, en estas personas, puede que fallen otras cosas, quizá no duermen lo suficiente o tienen estrés por un trabajo que les disgusta o problemas con su pareja. Desconocemos todos los factores que pueden deprimir el sistema inmunitario de una persona. 

Por ello es importante que identifiques todas las fuentes posibles de estrés en tu vida, pues cada uno tiene las suyas, que hagas una lista y que busques las posibles opciones que tienes para cada una de ellas. Entre las opciones elige aquellas que te resuenen más o sean más fáciles de aplicar para ti y busca la forma de integrarlas en tu vida. Con poco que hagas ya estarás haciendo mucho y generando la inercia necesaria para ir introduciendo  mejoras. 

Entre las opciones más importantes están aquellas que ya sabemos pero no aplicamos:

  1. Organiza tu tiempo. Busca tus momentos de paz todos los días. No esperes al fin de semana. Practica la relajación, la meditación o tu hobbie favorito. Busca tu momento sagrado a diario.
  2. Vive el aquí y el ahora. Intenta disfrutar todos los días de aquellos pequeños detalles que no solemos valorar. Disfruta de tu comida, de la ducha, de la compañía de tu familia, de tus compañeros de trabajo, de cualquier momento, practica la atención plena sobre tu vida.
  3. Descansa suficiente, entre 7-9 h sería lo ideal. No trasnoches, coge un ritmo, unas horas aproximadas de acostarte y levantarte.
  4. Exponte a la luz del día , la vitamina D en estos meses y en estas circunstancias es imprescidible. Si tienes niveles bajos en analítica, supleméntate.
  5. Utiliza remedios naturales: Vitamina D, vitamina C, Zinc, hongos o adaptógenos.
  6. Muévete. Si no tienes tiempo aprovecha las escaleras de tu casa, levántate de la silla cada hora, aprovecha para caminar o montar en bici en los desplazamientos o bien haz ejercicio en casa. El ejercicio es la intervención más eficaz en todas las patologías y su prevención. ¡No hagas pereza!.
  7. Evita los glúcidos: el azúcar, los hidratos de carbono refinados, todo tipo de alimentos que contengan aditivos como conservantes, colorantes o potenciadores del sabor como el aspartamo o edulcorantes como el glutamato. Todos ellos deprimen tu sistema inmunitario, aumentan el azúcar en sangre y engordan. La diabetes y el sobrepeso son los factores más importantes a la hora de contraer el virus.
  8. Come sano: Verduras, fruta, pescado, huevos, setas, semillas, frutos secos y elimina la comida basura. 
  9. Socializa: Aislarse aumenta el riesgo de enfermar, sobre todo si el aislamiento no es voluntario. Es peor sentirse solo que estar solo. Aprovecha para volver a contactar con amigos, familiares, aunque sea por teléfono u online.
  10. Practica el ayuno intermitente: Reduce el número de comidas diarias a 3 y sáltate alguna de vez en cuando. Olvídate de las 5 comidas, no ha dado buen resultado. Comer menos veces te ayudará a reparar tu organismo, bajar tu azúcar en sangre, perder peso y quemar grasa.
  11.  Vigila tus pensamientos. Elige aquellos que te hagan sentir bien. Practica escuchando a tu cuerpo. ¿Cómo te sientes pensando eso que estás pensando? Aprende a escucharte. ¿Cual ha sido el pensamiento predominante en el día?
  12. Reduce tu exposición a los medios. Deja de saturarte de información, sobre todo la oficial, que solo produce miedo e incertidumbre. En aquello en lo que pones la atención se hace más grande. No te creas todo lo que te dicen y céntrate en lo que tu quieres. Desinfoxícate, el miedo deprime tu sistema inmunitario. 
  13. No reacciones ante las provocaciones, no protestes, no te enerves, no te indignes, simplemente se el ejemplo de lo que quieres ver en el mundo.
  14. Suelta lastre. Elimina todas aquellas cosas, relaciones o gastos superfluos que te frenen. Aligera, libérate de apegos inútiles que te mantienen maniatado.
  15. Aprovecha para reinventarte, salir de la rutina, adaptarte a los cambios que vienen. Intenta aprender cosas nuevas, crece.
  16. Si tienes miedo, infórmate, hazte una tesis sobre el virus, su incidencia, su contagiosidad, su mortalidad y verás que no es algo tan peligroso como lo pintan. El cáncer mata 8 veces más personas al cabo del año. O al menos sabrás mejor que hacer al respecto y qué decisiones tomar. No te preocupes, ocúpate.
  17. Escucha a tu cuerpo. Te está diciendo todo aquello que no  que no expresas, que no aceptas, todo lo que tienes en la sombra, en el inconsciente. Pregúntate para qué te sirven esos síntomas y qué  tendrías que cambiar para que no estén ahí. Dialoga con ellos.
  18. Sométete a pequeño estresores por poco tiempo: Duchas frías, ejercicio corto e intenso, sauna, mantén la respiración debajo del agua, sal a la naturaleza, aráñate con las plantas, rózate, exponte a la lluvia, al calor, al frío, al hambre, a las picaduras y no ser muy maniático con la limpieza. También puedes exponerte a desafíos cognitivos como hablar en público, aprender algo nuevo o atreverte a hacer algo que siempre has deseado pero te da miedo. A esto se le denomina Hormesis y es la mejor vacuna, exponerse a pequeños estresores te hace más resistente.
  19. Recuerda que tú eres lo más importante del mundo para ti. Así que cuida de ti, quiere lo mejor para ti en todos los ámbitos de tu vida. Lo mejor no es lo más placentero sino lo más gratificante, lo que te trae beneficio a largo plazo sin perjudicar a nadie y que finalmente también beneficiará a los demás.

La mejor prevención es el amor por uno mismo

Para muchas de estas ideas es posible que necesites ayuda. Da igual si recurres a un amigo ,a tu pareja , a un psicólogo o a tu profesor de yoga o cualquier otro profesional. Identificar aquello que te genera estrés y sacarlo a la luz te permitirá tomar conciencia y poder hacer algo con ello. Te permitirá tomar el control. No hay nada que genere más impotencia, incertidumbre y estrés que no tener el control de tu vida. Hay  muchas cosas que puedes hacer para mantenerte sano y fuerte, deja de delegar tu salud, tu eres el máximo responsable y tienes el poder de protegerte.

Si necesitas más información sobre cómo mejorar tu estilo de vida, descárgate mi libro gratuito aquí. También puedes adquirirlo en formato físico aquí.

Si después de todo esto piensas que la vacuna anti covid te va a salvar la vida, adelante. Pero ten en cuenta que las vacunas que se están investigando son jóvenes, basadas en ingeniería genética y  aunque sean eficaces y generen anticuerpos contra el virus, se desconocen sus efectos a medio y largo plazo. Se trata de un virus del que se desconoce mucha información, hay muchos vacíos sobre su origen, intereses ocultos, sus efectos, sus secuelas y poca transparencia en toda la gestión de la pandemia a a nivel mundial.

Cada uno elegirá en función de cómo nos lo vendan en los medios, si no nos obligan, de forma directa o indirecta y del miedo de cada uno: "Y si no me la pongo....", pero eso ya será otra historia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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